PAULINO CÁRDENAS
Todos saben, principalmente los juarenses, que el pretendido cambio temporal de poderes de Chihuahua-capital a Ciudad Juárez, si es que lo aprueban dos terceras partes de los legisladores locales, no modificará por sí solo el clima de violencia y el estado de guerra en el que se halla esa localidad, la cual mantiene en el terror a sus habitantes porque en esa ciudad fronteriza priva la ingobernabilidad.
Ese anuncio del pasado sábado hecho por mandatario chihuahuense de mudar los tres poderes del estado que gobierna, fue en respuesta a que un día antes, el líder estatal del PAN, Cruz Pérez Cuéllar, anunciara que el presidente Felipe Calderón visitaría Ciudad Juárez esta semana, para atender la crisis de inseguridad.
En medio de todo eso, hay provocaciones abiertas entre PRI, PAN y PRD. El gobernador José Reyes Baeza señaló que la nueva estrategia esbozada por Calderón y el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, “inicia con el pie izquierdo”, pues no incluye a las autoridades locales en su diseño y difusión.
Aseguró que a la reunión a la que asiste el titular de Gobernación en Juárez, “no me invitaron”, no obstante que ayer con el primero que se reunió fue con él y con el aldalde de Juárez, José Reyes Ferriz. Tras anunciar la visita presidencial a aquella peligrosa ciudad, Pérez Cuéllar defendió a Calderón de las críticas de sectores sociales, empresariales y políticos que consideran fallida la guerra contra el crimen organizado.
Es obvio que el caso Juárez se ha politizado. Víctor Quintana Silveyra, diputado local del PRD, dijo que el Presidente debió llegar a Chihuahua “hace más de 4 mil 500 muertes”, y exigió que la próxima estrategia de seguridad se concierte con todos los sectores y abarque la entidad entera. A eso presuntamente iría Calderón.
Resulta evidente que la situación caótica que parevalece allá obedece a múltiples factores, pero el principal ha sido el de la impunidad con la que se han manejado los carteles de la droga en aquella ciudad colindante con El Paso, Texas, ciudad ésta en la que vive el presidente municipal juarense, José Reyez Ferriz, lo que da una ida de cómo anda el peligro allá. El miedo no anda en burro.
Ciudad Juárez se ha convertido, no de ahora, en bastión de los carteles que se disputan esa importante plaza de trasiego de armas y droga con Estados Unidos. Tan ha sido el crecimiento en importancia para los capos de la droga, que el propio Departamento de Estado norteamericano que encabeza Hillary Clinton, ha ordenado que en El Paso, entre otras ciudades, se refuerce el movimiento de gente que va y viene por las franjas fronterizas colindantes con México.
Los problemas de violencia, sangre y violación de los derechos humanos contra la población civil por la guerra que sostiene el gobierno federal contra el crimen organizado en Ciudad Juárez, lucha que mantiene en el terror a los juarenses, no terminarán, ni con mucho, con una simple mudanza de poderes de Chihuahua-capital a esa peligrosa ciudad fronteriza.
Al anunciar que propondría el traslado de poderes, Reyes Baeza dijo además que se requieren alrededor de 3 mil millones de pesos de presupuesto adicional para reforzar la lucha contra el narcotráfico. Pero el mandatario chihuahuense, mañosamente, ‘exigió’ la presencia del presidente Felipe Calderón en Ciudad Juárez, a sabiendas de que el madatario panista estaría programando viajar en los próximos días a ese conflictivo destino.
Por lo pronto, quien sí asistió de avanzada para sostener y encabezar en aquella ciudad fronteriza una reunión con distintos sectores de la sociedad juarense, fue el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont. A ver si algo positivo resulta de ella.
De otro lado, todos saben que una simple mudanza de poderes no es la solución a tan complejo problema. Es, más que otra cosa, una ‘cortina de humo’ con la que se quiere tapar un gravísimo problema del que más tarde o más temprano tendrá que haber responsables.
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